domingo, 25 de diciembre de 2011

Como añoro tu sonrisa

Como añoro tu sonrisa que lo cotidiano
devora, las sombras de sentido compartidas,
miradas que ayer eran agua en los ojos,
las palabras que acaso iban o venían.

Como añoro los silencios de sustancia
profunda, los perfiles de la tarde vencida,
aquellos rincones de ratones dormidos
que habitábamos entre sábanas frías.

Descubríamos primaveras envueltas
de versos, escondiendo sueños y risas,
recuerdos de pasos ya dados, de huellas
pisadas sobre el barro caliente con prisa.

El amor generaba su propio espacio
dormido, abriendo la mar con su quilla,
derribando matices y sombras, pintando
retales de ramas al viento, raíces, pupilas.

Hoy regamos colores que el tiempo
hace crecer, como cerradas semillas
de un mañana que vendrá, de aquello
que va a ser y que hoy espera todavía.

Como añoro la sonrisa que el día a día
transforma y que, aún en verano, se enfría.
Como añoro la húmeda paz de tu cuerpo
venciendo certezas que indemnes parecían.

M.A.N.H. (11/11/11)

sábado, 3 de diciembre de 2011

Manuel y Ella

Me llamo Manuel, aunque todo el mundo me llama Manolito. Ella, sin embargo, no; decía que prefería llamarme por mi nombre completo, sin diminutivo, que le hacía cosquillas en la garganta cuando lo nombraba, y que Manolito le sabía a poco, que no me quería disminuido.

Tengo ochenta años ya, los mismos que ella hubiera cumplido si no se hubiese ido para siempre tres años atrás. Éramos uno siendo lo mismo los dos; ahora sólo somos la mitad de uno: Ella con su mitad viva, yo con mi mitad muerta. Estamos pues incompletos, ajenos de lo que antes éramos.

¡Si al menos hubiésemos tenido hijos! Tendría con quien llorar y a quienes consolar. Pero no tuvimos suerte. Escapando pasaron los años entre trabajos y faenas, entre alegrías y tristezas compartidas. No hubo suerte, pero tampoco la echamos de menos, de tan felices que éramos juntos. Y, como dice el dicho: "A quien dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos": tuvimos muchos, porque ambos éramos de familias de muchos hermanos y hermanas. Eran otros tiempos.

Ella me mira desde esa pared. Su fotografía preside esta estancia y la casa entera. A veces, en el silencio de estas paredes, me parece escucharla, cantar, reír, hablar de todo con esa sensatez suya que era luz, paz, alegría permanente. Otras veces el silencio se vuelve tormenta de recuerdos, de vivencias, del vacío que me ha quedado dentro. Me mira fijamente desde esa pared como preguntándome cuándo voy con ella, que está tan sola como yo mismo, que maldice el tiempo que nos separa.

Cuando nos casamos, hace ya más de cincuenta años tras unos pocos meses de noviazgo, nos fuimos a vivir a casa de mis padres hasta que, con mucho esfuerzo y penas, en Juncalillo, nuestro pueblo, conseguimos unas pocas tierras donde hacernos la casita y poder plantar lo suficiente para ir viviendo. Era una casa que quedaba al paso de todo el mundo. Muchos amigos y parientes nos venían a visitar. Todos tenían que ver con ella, que era quien daba vida a aquella casa. Todo el mundo la quería. Sus sobrinos y los míos, cuando iban al pueblo a visitar a sus padres, antes pasaban por nuestra casa para verla a ella. Era confidente y amiga antes que tía de todos ellos.

Trabajamos lo que no está escrito. Nos deslomamos para salir adelante. Cuando había zafra en el sur de la isla, allá Íbamos. Cuando contrataban peones para abrir túneles en las montañas del norte, para llevar agua a La Aldea, iba con mis hermanos. Por eso, varios de ellos murieron con el tiempo, enfermos de los pulmones. También yo debo esta broncopatía crónica a aquellos años, cuando respirábamos el polvo de las explosiones y de la tierra removida. Había que sobrevivir. Yo tuve más suerte que ellos.

En Juncalillo éramos felices. Pero Juncalillo, en el norte de la isla, es muy frío y húmedo en invierno. Con el tiempo, ya jubilados y con los achaques propios de la edad, de las tierras ya no podíamos hacernos cargo. Vivir allí, en pleno campo alejados de todo, se nos hacía cuesta arriba. Por eso nos venimos a vivir a Vecindario. A malvivir en Vecindario.

Ella murió acá en este Vecindario. Vecindario antes era un pueblo de paso, alrededor de una carretera hacia las playas del sur, y hoy es una ciudad de casi cien mil habitantes. Una ciudad no ya un pueblo. Con muchos servicios cercanos, eso sí, pero cómo se añora el espacio abierto que, aunque hayan parques donde pasear, no es lo mismo. En el norte, en Juncalillo, había una quietud de siglos y aquí no hay más que prisa. Hasta el hablar es distinto. Aquí se habla sin respeto, allá se hablaba despacio, con cuidado en las palabras. Aquí se maldice a dios, allá no. Por eso no terminamos de acostumbrarnos a vivir acá.

Ella murió acá en este Vecindario, donde yo malvivo con mis achaques: La diabetes, la tensión alta, los dolores crónicos de cadera, la broncopatía crónica. Nadie se ocupa de mí. Yo mismo me cocino y me hago las labores de la casa, a pesar de los temblores de mis miembros. De vez en cuando vienen a visitarme unos sobrinos y me echan una mano pero... muy de vez en cuando. Yo me mantengo con una pensión de miseria y voy viviendo lo que me resta. Los Servicios Sociales del Ayuntamiento me han negado la asistencia con excusas por la falta de dinero y llevo esperando, más de dos años, por la ayuda para la dependencia. Están esperando a que me muera. Tal vez debería haberlo hecho ya. Estaría ahora con ella.

Hoy todos me llaman Manolito. En esta tierra, por confianza, se usa el diminutivo cuando eres joven o cuando eres muy mayor, como yo. Yo ya he dejado de ser el que era. Ella, que lo era todo en mi vida, se fue y ya nadie cercano me llama Manuel.

lunes, 21 de noviembre de 2011

El ojo que abre la piel

El ojo que abre la piel
del espanto, destila lágrimas
negras como cataratas
en tus homínidas manos.

El precio de los privilegios
viene envuelto en palabras
derramadas sin ton ni son
contra paredes de piedra,
contra huellas de sangre
a pagar por los de siempre:
los que llevan desnudo
el corazón, arrancado de cuajo.

El ojo que mira el hueco
del mundo, vigila tus pasos
entre sombras, temeroso
del duemevela del tiempo.

Miradas de hambre y silencio
retuercen el compás de la espera,
perforando minúsculas semillas
que la tierra ya humedece.
Tiembla el amanecer de rocío
que después quemará el sol,
ahogando verde la esperanza
que se escapa entre los labios.

El ojo inmisericorde no te ve,
te presiente desde su propio
miedo como abeja zumbona
que robara su acaparamiento.

¿Cómo volver sobre lo andado
para voltear la angustia
que todo lo vuelve inútil
ante la coraza del mundo?
¿Cómo atajar el sentido
de ver más lejos a lo lejos,
de ir más alla de los pasos
dados por perdidos y olvidados?

MANH (03/06/10)

domingo, 6 de noviembre de 2011

EN EL DÍA DE LAS VOTACIONES

En el día de las votaciones
nadie responderá del hambre y la pena
cuando nos desnuden los ojos
con palabras digeridas de antemano.

Callará la conciencia
(que, cuando calla, derrama sangre)
y al niño que escupe flores
por su inocencia
lo encontrarán llorando en las aceras
de los colores que se mueren.

Votaremos con las manos en los bolsillos
por el miedo a que se nos desprendan
y se cierren de pronto con rabia.
Las urnas se habrán tragado ya
los puños cerrados y nadie hará recuento
de las penas porque no interesa.

                   M.A.N.H. (15/6/1989)

domingo, 23 de octubre de 2011

SOLO TU QUEDAS

Sólo tú quedas
-papel en blanco-
cuando todos ya
se han retirado
y en la soledad hermana
me pone a salvo
tu desnuda pregunta:

   ¿Acaso tanto
esfuerzo de sentido
ha sido en vano?

Otros ya duermen
mientras yo hablo,
mientras te ofreces
de blanco caballo,
simple montura
para mis labios.

Sólo tú quedas
acompañando
el eco de las horas
que han pasado,
el vacío de la noche
y su abrazo
de piedra fría:

¿Acaso tanto
esfuerzo de sentido
ha sido en vano?

      M.A.N.H. (13/9/90)

martes, 19 de julio de 2011

CERTEZAS

Hay ciegos que cambiaron la vista por una certidumbre
Jorge Boccanera

El que duda traiciona, dijo aquel que dijo,
camina sobre sus pasos y se pisa la sombra,
recorre vidas ajenas sin lumbre
conque encender hogueras, ni razones
conque encumbrarse de la miseria.

    Mas duda el que ve y no el ciego, 
    que deambula tropezando,
y ve el que siente, el que recoge
del pañuelo sus propias lágrimas, ajenas ya,
pero húmedas, saladas, calientes,
y las distribuye por sus poros abiertos
penetrándolas en su misma carne.

Duda y llora y llora y duda,
ajeno a la certidumbre,
desnudo
como pájaro que levanta el vuelo
ahora que está a tiempo, antes
del disparo ritual del asesino, ese
Que no duda.

                       M.A.N.H. (3/7/11)





Yo también

          Yo también soy hijo de la llama,
acepté el destino de la ceniza,
recorrí con pies de fuego rescoldos
de despojos sometidos a la pira.
Me engañó la luz que temblaba rota
entre sombras de sueños que ardían. 

Tropecé con el reflejo del brillo
que anegaba el silencio, parecía
fluir despacio entre volutas de humo
negras, cegando oscuro mis pupilas.
Me engañó el verde olor de la madera
que ocultaba su seca disciplina. 

Y soy hijo del calor asfixiante
conque se fundieron redondas mentiras
para sostener las puertas abiertas
que luego de golpe cerrarían.
Me engañó la pálida mirada
de la pregunta muda y sin vida. 

Soy hijo de la llama, me quemaba
la roja luz del viento que respira,
avancé con su estandarte candente
hasta el ocaso clavado entre astillas.
Me engañó la fuerza de su rostro,
herido de gusanos, que la pudrían.

                                 MANH (21/5/2011)

jueves, 30 de junio de 2011

HOY DUERMES LA PEREZA DE LOS SIGLOS

Hoy duermes la pereza de los siglos,
el espacio fugaz de tu esperanza,
huyes despacio, como huyen los niños,
el vuelo sinérgico de tus alas.

De qué nos valen los años vividos
sometidos al fraude de la llama
si, por nacer vivos, hemos nacido
sangrando por los poros la mañana
y si, por bien morir, somos fugitivos
de la trascendencia de la alborada.

Hoy sientes el eco inútil de ruidos
que antaño de luz la sombra pintaba,
y miras cansado ese rincón vacío
que tu memoria de recuerdos disfraza.

En el claroscuro del sueño fuimos
siempre revelación imaginada,
puerta abierta a un futuro sentido
conque nombrar verde la esperanza,
mas hoy, sin mucha vergüenza, mentimos
la belleza que habita nuestra casa.

M.A.N.H. (2010-2011)

Bienvenida

Esta es la primera entrada que hago en mi Blog que, a su vez, es mi primer blog. Por ello, espero sepan disculpar los nervios del primerizo, así como la simplicidad de este blog.


La idea de titular un blog como "El verde olor de la madera", surge de una frase de uno de mis poemas, con la que intento expresar, en un juego de palabras, lo inaprensible por los sentidos que solo es abarcable por los sentimientos.  

En definitiva, la metáfora o la imagen alegórica, es lo que suele servirme de excusa para mi expresión, con la que intento sustraerme de la rutina cotidiana 

Es un blog, por tanto, donde iré dejando, en forma de poema o prosa, mis reflexiones o sentimientos sobre la realidad que me ha tocado vivir que, aunque sustancialmente no sea muy distinta a la de tantas otras personas, puede servir como aportación personal a la reflexión colectiva. La red que propone Internet es, por ello, el instrumento adecuado para la expresión personal y social, si es que lo que sea capaz de proponer sirve para ello. 

Sin más, agradecer la visita a este Blog y esperar sus impresiones sobre lo que desde acá se vaya esbozando.