viernes, 9 de septiembre de 2016

Era un río la ciudad.

Era un río la ciudad.
El cielo de la tarde de la ciudad, un río.
Los reflejos en los árboles del parque,
el claroscuro de las sombras
y el reloj del campanario
eran un río.
Un río
las aceras anegadas
y el paso alerta del ganado.
Siempre la misma distancia,
siempre el agua que pasa distinta,
miradas que se detienen
como palabras en el silencio.
Un río de formas sin sustancia.
Río de aves emigrando.
Hombres, mujeres, niños,
hacia el mar.
Un río de sangre
calle abajo.

M.A.N.H. (05/09/16)

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