sábado, 28 de enero de 2017

ENEROS

I

Llevo toda la tarde mirando estas paredes frías, el desconchado de la pintura, el silencio del ruido en la ventana. Arrugada en el sofá, la ropa de la liña. En el fregadero, sucia la loza.
Enero es un mes que llega sangrando a los pies de diciembre.

II

Imagino un mar que empieza y acaba en la misma playa, una luz que fosforea tersa, el mes de enero pintado en un pentagrama. Comprendo que el Big Ben adelanta un poco. Que, entre nubes, los versos echados en falta sostienen la tierra que respiramos.

III

Enmudece enero bajo la lluvia. Oscura, la barriada se diluye como pan húmedo. Charcos de indiferencias en las miradas que pasan.
-La vida fluye-, dices, -como agua calle abajo.
-Y, si no, se estanca y se pudre-, respondo.
En la ventana del sol, luz de un rayo. La tormenta amaina.
-Como las viejas. Como yo-, replicas, mientras laten tus pupilas, acuosas.

IV

Gélida, la tarde de enero. Quema, en tu mirada, como la piel oscura de la noche.

V

Enero en su carro de blancos caballos atraviesa el cerco lechoso de la luna. Derramada la simiente, ilumina lo oscuro del cielo. Niega lo que esconde bajo el ancho paraguas con que entorpece, inútil, el río que no se acaba. Enero, en su carro de blancos caballos.

M.A.N.H. (23/01/17)

jueves, 19 de enero de 2017

A TUS PIES

De la cúrcuma y la seda vienen,
del curso de los grandes ríos sumerios.
Sangre, sudor, lágrimas,
llevan.

Tras un hálito de luz en lo alto,
huyendo.
Atraviesan países y estaciones,
edades y misterios,
para postrarse a tus pies,
maravillados.

Y
allí los tienen,
junto a tantos,
a la sombra de la higuera maldita.
El inoportuno sueño
mendigan,
ante la concertina.

M.A.N.H. (15/01/17)

sábado, 7 de enero de 2017

LA PRISA DE LLEGAR

Victorioso, el sol, desnuda la fachada de los edificios.
No advierte el mar a lo lejos, sólo la sombra.
En su cansado respirar, se encienden y apagan
las luces, en noche de fiesta.
Hace frío para ir descalzo.
¿Dónde la voz que entreabre las ventanas,
que sacude el polvo de los rincones?
Dicen que una estrella acompaña,
que hay un piélago de manos enlazadas esperando.
Las puertas de los grandes almacenes iluminan
ofertas, certezas.
Afirman que, de oriente, viene el sueño extraviado,
que un mundo asoma en la sangre del cordero.
Nadie se deja mojar por la impune lluvia que cae.
Para qué la prisa
de llegar
y no encontrarte.

M.A.N.H (02/01/17)